Mentiras piadosas

 

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Puesta en escena.
La chica se acerca sigilosamente con mirada penetrante.
Sonríe con una mueca picara.
Con sus labios pintados, su rojo sangre.
La mira de arriba abajo tras sus gafas de sol.

Ella espera impaciente a alguien que tal vez nunca aparezca.
Lleva una carpeta repleta de dibujos suyos. La agarra con fuerza.
Mira el suelo fijamente, ciegamente.
De vez en cuando respira con la boca, cuanto más aire mejor.

Se acerca tanto que la tiene de frente.
Le tira el humo de una bocanada.
Se le acerca tanto que sus ojos se le clavan como un cuchillo en la piel.
Una serpiente a punto de engullir un ratón.
“Él no va a venir.”
Rio en una carcajada.
Engulló su tragedia en una calada.
“¿De verdad creías que iba a venir?”
De nuevo la risa malévola.
“Y dime, ¿quién creías que iba a venir, tu primo?”
Tiro el cigarrillo al suelo y mientras lo aplastaba con la punta de sus Vans, acabó:
“Eres la puta mierda personificada”.

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El món dels somnis (o de la Terra)

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Foto tomada por la autora del blog

Més enllà de l’esplanada verda, més enllà del bosc profund, més enllà de tot i res, hi habitava un esser que ho veia tot. Quan tancava els ulls podia veure les grans ciutats, els cotxes amunt i avall, els nens que corrien als camps de futbol, algunes noies que miraven els seus mòbils, una parella passejant agafats de la mà… Ho veia tot, veia tots els moviments de cada persona que trepitjava la terra.

Aquest ésser que tot ho veia, de fet el que veia eren els moviments, els passos, les cares, els braços. Veia el que feien, però es preguntava perquè ho feia. En aquell moment es preguntava perquè aquell nen de 3 anys a les deu i quaranta-cinc del mati, a la seva escola, a l’estona de pati, havia pegat amb una pala a la seva companya que tenia al costat. També es preguntava perquè una dona cridava a un home des del cotxe que què coi feia, què s’havia pensat, que si era cec, amb un to tan lleig que l’esser va obrir i tancar els ulls de nou i llavors va observar a una nena de 10 anys com corria darrera d’una papallona; se la veia somrient, feliç, innocent de la vida que l’envolta. Sigue leyendo “El món dels somnis (o de la Terra)”

La nit

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Aquella nit vaig somiar que tot es tornava fosc. Sentia que estava envoltada del no res, d’un silenci sumis, dens, com una aigua espessa.

I en un instant vaig obrir els ulls trobant-me la llum enlluernadora i l’explosió d’un món de colors. El cel era una combinació de lila, blau clar i verd turquesa. Els prats grocs, daurats, els arbres marrons amb les fulles platejades, roses i morades; i si m’hi fixava bé podia veure com els insectes tenien una forma semblant als humans però amb ales.

Era el somni més meravellós que havia tingut mai, pensava dins d’aquella bombolla màgica de colors i essers estranys. Era el somni que mai podria viure a la realitat, el món que mai trepitjaria, que no podria respirar el seu aire més pur, ni podria tocar les seves textures que tan em semblarien. Sigue leyendo “La nit”

El olor de tu recuerdo

Cogí con mis menudas manos aquel par de vasos como si fueran un regalo y los acerqué a mi naricita:

  • ¡Mama! ¡Mama! ¡Huelen a la abuela! – exclamé emocionada y aguantando con firmeza aquellos vasos que ya no eran transparentes, sino opacos por el uso dado y el tiempo-. Bueno, más que a la abuela al piso de la abuela.
  • A ver – mi madre se acercó y olió los vasos-. Ay, hija, mi olfato cada vez esta peor… Pero es normal, todos los objetos recogen el olor de aquello que lo rodea y de las personas que lo poseen.

Ese momento, esos pequeños minutos los tengo claros en mi mente. Su olor no es posible describirlo, pues no podría decir que aquellos vasos olieran a viejo, ni tampoco a algo que lleva mucho tiempo cerrado, es difícil de describir, sobretodo porque lo me sorprendió mas es que se trataban de unos vasos, ¿acaso el cristal absorbe el olor del sitio en que está?

Aquel olor duró mucho tiempo –de hecho hasta que se rompieron-, siempre que podía los cogía porque me acoraba de mi abuela que apenas la veía. Al principio me encantaba acercar mi nariz al vaso, el olor de aquel vaso me llevaba al piso de mi abuela, a las navidades con mi familia en Barcelona. Sigue leyendo “El olor de tu recuerdo”

Primeras impresiones

Cuanto más me acercaba al edificio menos me gustaba.

  • Es feo – le dije secamente a mi hermana con disgusto-. No me gusta.
  • Es un instituto, ¿Qué esperas? – respondió ella medio riendo-.
  • Ya pero es feo.

No era la primera vez que me ocurría, que al haber un cambio importante en mi vida, allá donde iba, fuera como fuera, no me gustaba aparentemente, ya fuera un edificio, un pueblo, una calle, o incluso una persona. El instituto, de hecho, era como otro cualquiera, del típico ladrillo tocho, con una puerta corredera blanca medio oxidada. Lo único que me gustó fue una amplia cera con césped que había al cruzar el paso de peatones con algunos bancos para sentarse, y justo después la biblioteca.

Supongo que lo que no me gustaba de aquel instituto era el miedo a ese futuro que estaba a menos de dos meses, miedo al cambio, miedo a empezar de nuevo, miedo a saber lo radical que iba cambiar mi vida. Todo aquello me producía nauseas en la barriga, un temblor por dentro. Cambios, cambios, cambios. Sigue leyendo “Primeras impresiones”

El gran final X

  • ¿Y ahora qué? – preguntó un joven a otro mientras contemplaban la Tierra como poco a poco iba siendo engullida por una fuerza superior que ningún terrícola podía explicar con palabras -. Ellos nos han salvado, pero no nos pueden devolver nuestra casa.
  • Tal vez debamos empezar de nuevo en otro lugar – dijo el otro joven que miraba a la gente a su alrededor con los ojos llenos de lágrimas, lágrimas al mirar más allá de su vida, observar con detenimiento como finalmente la Tierra no era un lugar seguro-. Puede que nos lleven a otro planeta habitable…
  • ¿Para qué? Damos pena, el ser humano es despreciable….
  • ¿Por qué dices eso? Que algunos sean escoria no significa que tú y yo, y muchas de estas personas lo seamos, si estamos aquí y no allí ardiendo es porque tal vez merezcamos una nueva oportunidad… no te sientas culpable de lo que no has hecho…
  • Pero no entiendo porque somos tan pocos… En fin, me refiero, en la Tierra éramos millones y solo veo algunas naves… no debe haber ni un tercio… -comentó mientras miraba por las ventas las otras cinco naves de un tamaño considerable, pero no lo suficiente para toda la especie humana-.
  • No lo sé, tal vez nos lo expliquen…

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El gran final IX

  • Nos vamos de paseo!! – Gritó Casandra mientras cogía los collares y abrigos de sus perritas-. ¿Me acompañas hoy?
  • Si, si quieres si – le contestó su hermana desde el salón-. Ya anochecido, cada vez más pronto. Deberías de ponerles ya los abriguitos, empieza a hacer más frio.
  • Si, si… -mientras ponía el collar a la mayor de las dos perritas- ¡Venga, que hoy la tata nos acompaña, has visto que bien! –le decía con voz alegre a su perrita-
  • Nos vamos de paseo! Hasta ahora! –gritó mientras salían por la puerta- Jolines, pues si que hace frío! – se quejó calle arriba-.
  • Y continuaran bajando las temperaturas, ¿por dónde quieres ir? ¿Vamos hasta la estación?
  • Si, mejor a la estación, se ven mejor las estrellas desde allí –contestó Casandra, después de un rato en silencio cuando ya llegaron a la estación gritó asustada- ¡Ai, Dios!, ¿pero que es eso?
  • Madre mía!!! ¿Esa es la Luna? ¿Y ese otro planeta? – dijo su hermana-.
  • Están demasiado cerca –los veían tan cerca que ocupaban parte del cielo- ¿Y ahora qué? Se van a estrellar, ¿nos chocaremos?

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El gran final VIII

  • Señor, el planeta ya está en la posición que preveíamos para una colisión masiva de la Tierra en lo que podemos prever en seis horas y cuarenta y cinco minutos y veinte segundos. ¿Cuáles son las ordenes, señor?
  • Se activa el plan de evacuación. Que las naves se preparen para la recogida de los terrícolas. Que empiecen a preparar las instalaciones para la llegada de los terrícolas. Que pongan en marcha, sobretodo, la máquina para la extracción de negatividad.
  • Sí, señor. –dijo mientras tecleaba códigos, sus manos iban deprisa, con precisión y seguridad-
  • Ha llegado el momento, señor, relájese todo está preparado, no podemos hacer nada mejor por ellos. –dijo una mujer a su lado, apoyando su mano en su hombro- Sus vidas no dependen de nosotros, solo la de los humanos a los que recibiremos y daremos todo nuestro apoyo. Son niños, y debemos protegerlos lo mejor que podamos hasta que sean autosuficientes… Sigue leyendo “El gran final VIII”

El gran final VII

  • Aun espero ese gran milagro…. Ese milagro egoísta… un milagro caótico y destructivo pero que es la única salvación, al fin y al cabo, ¿no vivimos ya en un infierno que desencadena uno en otro como un ciclo vicioso? Aun espero que llegue ese gran planeta llamado Horcobulus y que derribe la Tierra, pero antes lleguen esas naves de las que siempre me hablaste y nos recojan, puede que sea el día que Jesús hablaba del Apocalipsis. – C. hablaba con la mirada puesta en sus manos frías, de dedos delgados, de pianista decían algunas amigas, hablaba en voz alta asimilando sus propios pensamientos-. Ya no sé si creo en algún Dios, en la esperanza, en la vida, lo único que sé es que sigo esperando, una espera que pesa, y en los días grises esa espera se vuelve asfixiante, pues, ¿qué hago yo aquí? Si me siento extranjera en la Tierra que nací….-suspiró lentamente- Milagros… ¿qué es un milagro? ¿Tan malo es que quiera que la Tierra se derribe sabiendo que está enferma por dentro y por fuera?, ¿sabiendo lo terrible que en ella habita? ¿Tan malo es si a cambio fuéramos a otro lugar para empezar de cero? Un lugar sin ellos… ¿Puedo hablar de ellos sin que nadie me tome por loca? A pesar de que hay tantos indicios de que existen de verdad, el miedo provoca el rechazo ante la idea de ser la oveja del lobo. Tantas películas de ciencia ficción que sin embargo esconde una gran verdad, leyendas y mitos con  miles de años de antigüedad que también hablan de ellos… Sigue leyendo “El gran final VII”

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