El gran final VII

  • Aun espero ese gran milagro…. Ese milagro egoísta… un milagro caótico y destructivo pero que es la única salvación, al fin y al cabo, ¿no vivimos ya en un infierno que desencadena uno en otro como un ciclo vicioso? Aun espero que llegue ese gran planeta llamado Horcobulus y que derribe la Tierra, pero antes lleguen esas naves de las que siempre me hablaste y nos recojan, puede que sea el día que Jesús hablaba del Apocalipsis. – C. hablaba con la mirada puesta en sus manos frías, de dedos delgados, de pianista decían algunas amigas, hablaba en voz alta asimilando sus propios pensamientos-. Ya no sé si creo en algún Dios, en la esperanza, en la vida, lo único que sé es que sigo esperando, una espera que pesa, y en los días grises esa espera se vuelve asfixiante, pues, ¿qué hago yo aquí? Si me siento extranjera en la Tierra que nací….-suspiró lentamente- Milagros… ¿qué es un milagro? ¿Tan malo es que quiera que la Tierra se derribe sabiendo que está enferma por dentro y por fuera?, ¿sabiendo lo terrible que en ella habita? ¿Tan malo es si a cambio fuéramos a otro lugar para empezar de cero? Un lugar sin ellos… ¿Puedo hablar de ellos sin que nadie me tome por loca? A pesar de que hay tantos indicios de que existen de verdad, el miedo provoca el rechazo ante la idea de ser la oveja del lobo. Tantas películas de ciencia ficción que sin embargo esconde una gran verdad, leyendas y mitos con  miles de años de antigüedad que también hablan de ellos… La Tierra está carcomida por las más terribles termitas y me pregunto si no hay nada que se pueda hacer contra ello. Demasiados cabos sin atar… demasiada información sin perfilar…es como un puzzle que aún le faltan piezas para que todo encaje y se vea la realidad por completo. –se levantó y empezó a pasearse por la sala de estar, hasta que se paró delante de la ventana y mirando a través de ella sin mirar nada continuó-Ya no sé nada, no sé si quiero saberlo, no sé en quien creer, no sé en quien confiar, a quien puedo mostrar mi corazón, estoy cansada de esperar lo bueno de la gente, su ego me da pavor… y es que ya nadie parece buscar o dar todo el amor que uno puede llevar… No entiendo esta sociedad… moriré sin entenderla…
  • ¿Estás hablando sola? –preguntó su padre que apareció por la puerta de repente-.
  • Si hubieras estado hubiera hablado sola de todas formas – C. abrió la puerta del patio y salió, respiró profundamente el aire frío de aquella tarde oscura de diciembre-. De cualquier manera, ¿Cuándo me has escuchado?

 

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