El gran final VI

  • No todos están preparados para este momento, ni para el que viene – dijo la mujer de ojos verde oliva observando a unos jóvenes discutiendo-.
  • Deben de estarlo, no les puede coger de pleno así sin más, el pánico será triple. –dijo el hombre de ojos grisáceos-.
  • Me pregunto qué haría yo ahora si no hubiera recordado, continuaría siendo esa niña aturdida por esta sociedad que te asfixia…
  • Nunca fuiste una niña, ni si quiera cuando tenías 10 años… -dijo él cogiéndole de la mano y hurgando en el corazón de ella buscando a tientas la pregunta de ella, la pregunta que de verdad se estaba haciendo, puede que la misma que él-.
  • Creo que no te le he preguntado, -dijo tras un par de minutos de silencio- ¿Cuántos años tenías cuando recordaste? –preguntó ella en medio del murmullo de la gente inquieta-
  • Tampoco hace tanto, justo antes de cumplir los 30, en realidad casi todos hemos recordado un poco antes de año y medio del gran acontecimiento que se espera.
  • No todos, muchos hace años que lo saben.
  • Lo intuyen pero no lo saben con seguridad, pero si, cerca del 92/93 hubo mucha gente que empezó a recordar, pero como algo muy sutil, con información escasa, la justa y necesaria para percatarse de la realidad de la Tierra, algunos lo llamaron como un Despertar.
  • Deberíamos de sentarnos, está a punto de empezar… -ella le cogió la mano y paso entre la gente para llegar a las hileras de sillas para buscar sitio-.
  • A ver que dicen de nuevo, me parece que será una pérdida de tiempo -dijo él con poco entusiasmo, mientras se sentaba en una silla a cuarta fila-
  • Yo quiero ver la cara de la gente al escuchar lo que dicen, no la información en si –dijo ella mientras con la mirada seguía a los jóvenes como se alejaban antes de sentarse al lado de él-. Sobre todo los que esperan con ansia una respuesta muy concreta y detallada.
  • ¿Cuantos hay de los nuestros?
  • Mira quien ha cogido la forma de hablar terrícola –dijo ella con tono burlón-.
  • Bueno, ya me entiendes…
  • Pues pocos, la mayoría son terrícolas en busca de nuevas expectativas, los demás son reencarnados que han recordado hace poco y no tienen toda la información bien anclada en la cabeza.
  • Espero que no metan la pata…-comentó él sin darse cuenta-
  • Llevan preparando este discurso hace meses, seguro que lo harán bien, además para esta gente ya les va bien la información que les darán…
  • O sea, información nueva ninguna…
  • Para eso debes esperar hasta la próxima reunión extraordinaria con la nave nodriza.
  • Pero es que será la última, lo sabes – dijo él con la mirada clavada en sus manos encerradas en un puño-
  • Pues no sé qué esperas saber de nuevo…
  • Es que… no se… estoy inquieto –continuaba con sus manos bien apretadas, en tensión-.
  • Y nervioso, es normal – ella le dio palmaditas en sus manos, y le sonrió con ternura-. Al final todo irá bien, es lo que debemos pensar, ¿no es cierto? La esperanza es lo último que se pierde, al fin y al cabo.
  • Eres lo mejor que me ha pasado en este sitio, lugar, momento, misión, yo que sé, ya me entiendes, gracias por todo –él le dio un beso en la mejilla, que ella tanto adoraba-.
  • ¿La echas de menos?-preguntó ella cambiando de tema-.
  • Saber de su existencia, tenerla en una memoria que no es la de este cuerpo, y no haberla conocido en esta vida… es tan extraño, tan confuso…
  • Si, lo sé, una espera que parece no llegar, como la de toda esta gente que espera el gran final.

 

 

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