La escalera de caracol IV

Capitulo IV: Regreso a casa

Como había cerrado los ojos no se había dado cuenta de que la yegua ya no estaba, así que al abrirlos se quedó desconcertada y agobiada empezó a mirar por todas partes.  Se dirigió hacia el norte travesando el prado de amapolas cuando de repente pudo oír claramente el sonido de un caballo acercarse, pensó aliviada que sería Luna que volvía por ella. La silueta que apareció no era solo de un caballo sino que también de un hombre sobre él.

Abrazando su cuerpo por el frío que tenía repentinamente, se dio cuenta de que sus manos ya no eran las de la mujer de 35 años. Comprobó su vestido, sin duda tampoco era el mismo. Miró al cielo y, enfadada y confusa, gritó:

  • ¿Y ahora quién soy?
  • ¡Casiopea, has vuelto! –dijo el jinete del caballo negro-. Por fin has vuelto a casa, ¿¿ha sido largo el regreso? ¿Has podido cumplir tu misión?
  • Por fin, se acabó, he vuelto. –dijo ella entre susurros y desde su inconsciente más profundo-

El jinete bajó de un salto de su caballo.

  • Luna ha venido a buscarme. Estaba muy contenta. Y yo también. Te he echado tanto de menos. – la abrazó con fuerza y ella no se lo negó, es más, rodeo la espalda de él con sus brazos.
  • Y yo a ti también, amor. –dijo ella sin pensárselo dos veces-

Se separaron por un instante y el siguiente paso fue el beso esperado y ansiado después de trescientos años separados por el tiempo y el espacio, planetas y misiones.

  • Por fin estoy en casa.
  • Por fin estas en casa, princesa. Descansa, seguro que tienes muchas historias que contarme, pero primero debes reposar, habrá tiempo, tanto tiempo como nos plazca. ¿Recuerdas que el tiempo no es problema, verdad?
  • Sí, ahora lo recuerdo todo. Un alma que ha recorrido muchos lugares. Y por fin vuelvo al mío. Te lo contaré, amor, pero primero quiero besarte una vez más y cerrar los ojos, para que al abrirlos me dé cuenta de que realmente esto no es un sueño, sino que la realidad tan deseada.

La niña, que fue joven, madre y de nuevo una joven muchacha prometida al hombre que amaba, por fin había recobrado la memoria, por fin había acabado la misión y por tanto debía recordar quien era y de donde era, para poder volver a su hogar. Casiopea contempló el cielo azul y pudo ver a Andrómeda y más lejos, casi como una partícula de polvo, la Vía Láctea. Sí, sin duda, había vuelta a casa.

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